Se sintió decepcionado al ver qué solo eso y un tipo manual en un idioma desconocido había en la caja.
Aún así se llevó el manual y la figura a su casa para irse a descansar.
Al llegar la encontró muy desordenada pues nuevamente sus vecinos la habían invadido. Estaba muy cansado como agregarla en ese momento así que colocó la cadena en la estatua de su fiel amigo Melquiades que había colocado en el sillón donde pasaron muchas horas disfrutando de la televisión. Después de hacerlo se acurrucó en sus pies y se quedó dormido.
Esa siesta que tomó fue muy atareada, de esas que no te dejan descansar, con sueños tan extremos y reales que te hacen sudar.
Abram soñaba que un perro gigante que se desplazaba por una caverna llena de fuego, el intentaba huir pues si se metía en una zona peligrosa podría acabar aplastado. Conforme el enorme perro avanzó André podía contemplar más el caluroso lugar. Las montañas comenzaban a moverse como si tuvieran vida, de tal forma que deban paso a nuevos canales de fuego que se movían peligrosamente en su dirección.
Aterrado se aferró a una montaña de piedra que se movía de manera horizontal hacía la derecha. Consiguiendo en esta un refugio momentáneo.