Narra Clara Acerco las rodillas al pecho en el rincón de lectura y lloro. Se me encoge el estómago y me siento mal al revivir ese terrible momento una y otra vez. Me zumban los oídos por el disparo y todavía puedo sentir la punta del cuchillo presionando contra mi costado. Intentaron matarme. Los rusos, los enemigos de Renzo. Me habrían arrastrado a esa camioneta y nunca habría vuelto a ver el mundo si no hubiera sido por el mejor amigo de Renzo. Ni siquiera sabía que me había estado siguiendo, lo cual supongo que era el punto. La puerta se abre. Miro cuando Renzo entra y cierra la puerta detrás de él. Se acerca a mí, mi hermoso esposo, caminando con una gracia lánguida. Está indeciso, pero su rostro es duro. —¿Estás bien?—pregunta en voz baja. Asiento miserablemente y me limpio la

