La música ambiental en directo daba buena fe de la exquisitez del restaurante. El constante trajín de camareros impolutamente uniformados era el resultado de atender las peticiones especialmente exigentes de los clientes esa noche. En las mesas, decenas de parejas mantenían una romántica velada, vestidos con una indumentaria acorde para la ocasión. Otras mesas eran ocupadas por altos directivos que celebraban hartos de champán algún éxito reciente en su compañía. Había una mesa apartada junto a un gran ventanal con vistas a la noche de la gran ciudad, donde una bellísima mujer, con un elegante vestido azul y su amado esposo aguardaban ser atendidos. Mientras conversaban con sus manos entrelazadas llego el mesonero e inmediatamente les ofrecido la carta de vinos. Ella lo miro de inmediat

