Me siento en la mesa, rodeada de miradas cargadas de tensiones no dichas. Mi corazón late con fuerza, presagiando la tormenta emocional que se avecina. Frente a mí está él, aquel que una vez fue mi refugio y ahora es la fuente de mi angustia. Observo su rostro, buscando alguna señal de reconocimiento, pero solo encuentro una máscara de indiferencia. Me pregunto si me reconocerá. A su lado, Viridiana, la ex prometida de Alekdandr, irradia una elegancia que contrasta con su presencia incómoda en este encuentro. Su cabello largo cae como cortinas que intentan ocultar su propio malestar. Es bella, pero viste como una mojigata. A su lado, la esposa de mi padre, con su mirada fría y su apariencia impecable, se convierte en un recordatorio constante de la vida que dejé atrás. La conversación

