El dolor alcanzó un nivel que desafiaba toda descripción, convirtiéndose en la experiencia más intensa de mi vida. La idea de dar a luz completamente sola, en un país desconocido, era algo que jamás imaginé enfrentar. En el trayecto hacia la clínica, Celia intentó llamar a Alekdandr desesperadamente, pero su voz nunca encontró respuesta en el otro extremo. La incertidumbre se sumaba al malestar físico, y al llegar a la clínica, fui trasladada de inmediato a la sala de emergencia. Un médico, rostro serio y profesional, me informó con firmeza que ya estaba en pleno trabajo de parto. Las circunstancias complicadas me envolvían, pero en ese momento, mi enfoque estaba en el proceso que se desarrollaba dentro de mí y en la esperanza de que, a pesar de todo, el final trajera una luz de felicida

