El brazo que tenía que estar tomando mi padre estaba vacío, no quise que nadie tomara su lugar y aquí estaba, camino al altar, con un hermoso ramo de flores entre mis manos, unas ganas enormes de llegar al final y tomar a fin la mano que me ofrecería Thiago. Escuché la risa de Rosalía entre las personas llenándome completamente de fuerzas. Mis pies querían ir más rápido, pero yo los frenaba; el camino no era tan largo, solo se trataba de mis nervios. Al llegar a Thiago tomé su mano y todo lo demás fue sucediendo, fluyendo de manera normal. ¿Se podía alguien ver tan guapo y atractivo con un simple traje? El si. Ahora ya estábamos casados, pero desde antes nos pertenecíamos. Marido y mujer. Mi complemento, mi otra mitad, mi mano derecha, mi compañero. El amor de mi vid

