Dos días después New York Hillary Alguien dijo que los apegos emocionales son cadenas invisibles. No las ves, pero están ahí, apretando cada decisión que tomas, susurrándote debilidades al oído. Nos condenan al fracaso, nos doblegan, nos vuelven vulnerables. Pero lo más peligroso no es lo que nos hacen sentir… es lo que nos hacen ignorar. Porque cuando bajas la guardia por alguien, cuando empiezas a justificar lo injustificable, cuando antepones el deseo a la lógica, ya estás perdida. Por eso, sin excusas, sin sentimentalismos baratos, si algo o alguien te hace sentir amenazada, si tu paz, tu poder, o tu posición corren riesgo, lo correcto es actuar sin piedad. Cortar de raíz. Sin mirar atrás. Un amante, alguien que caliente tu cama, que te endulce el oído o te diga que eres única… es

