La misma noche Islas Maldivas Cristal Quizás mi parte de abogada habló guiada por la desesperación de mantenernos con vida. Por eso pensé que volver a Londres era lo mejor. No era egoísmo, tampoco insensatez, pero sí había riesgos: como la liberación de Blake, como David preso por fingir su muerte. Y, aun así, tarde entendí que no podía obligarlo… y eso era lo ridículamente absurdo. Queríamos estar juntos, pero nuestros destinos parecían estar cruzados. Como si la vida solo nos hubiera unido donde la fecha de caducidad ya estaba a la vuelta de la esquina, donde gritaba “no es su momento.” De todas formas, ambos nos seguíamos resistiendo, o simplemente esperando para que cada uno eligiera su camino. Tal vez se daría al llegar a la India… y después aceptar lo que viniera con resignación

