El mismo día Islas Maldivas David Supongo que el verdadero amor es aquel que no ata, que no se sostiene con mentiras. Y lo entendí demasiado tarde. Era hora de revelarle la verdad a Cristal, aunque eso significara cargar con su odio y su abandono. Fue difícil contarle que no estábamos casados. Cada palabra me pesaba en la lengua, cada segundo sentía el corazón apretado, el miedo y la vergüenza mezclándose en una sola punzada. Y como era de esperarse, estalló. Los reclamos, los insultos, sus golpes en mi pecho… todo vino como una tormenta. Pero en medio de ese caos, entre lágrimas y rabia, lo único que me importó fue escuchar su voz temblar cuando lo confesó: se había enamorado de mí. En ese momento el resto dejó de importar. Juro que quise gritar de felicidad, abrazarla, pedirle otr

