Cuando te dicen que debes perder el alma para convertirte en otra persona, no se equivocan. Habíamos pasado todo el recorrido sin hablar, vi como Adrián sonreía en cada una de las muertes que provocaba y se mantuvo pacífico luego. No le paso nada, no le afecto. Sus ojos seguían viéndose vacíos e impenetrables. Estaba esperando que dijese algo, cualquier cosa que me ayudará para mi entrenamiento, porque estaba nerviosa y no sabía qué esperar, pero no, parecía que estaba absorto en algún lugar que solo él veía. —¿Dónde se supone que vamos? —me observó un momento antes de volver a mirar hacia adelante. —Adrián. —Mira, princesa, esto es sencillo, quieres que te ayude a ser una asesina y planeo mantener mi última noche en paz porque luego de esto no querrás verme. —arrugo su nariz con aque

