Vittorio El alivio que sentí cuando oí las sirenas de las ambulancias fue algo que nunca experimente en mi vida, o al menos no con tanta intensidad. Era el sonido de la esperanza, pequeña, pero seguía estando allí. Hasta ese momento en el que llegaron, yo no me detuve nunca de hacer las compresiones e insuflaciones., seguí con el ritmo constante. Me aislé de todo ruido y movimiento que hubiera a mi alrededor. Ignoré el dolor que sentía en mis manos, a causa de mis dedos destrozados. Ignoré los gritos de Izan, que me hablaba sin dejar de preguntarme como estaba. Ignoré los alaridos de Amir, llorando y exclamando el nombre de Novak, a su lado. Ignoré la voz de Arwen Marshall, que daba ordenes a los demás. Toda mi atención estaba en mi amigo. Cuando los paramédicos llegaron junto a nos

