Vittorio Estuvimos caminando por lo alrededor un buen rato. Ninguno dijo una palabra, pero de alguna forma se sentía como si no fuera necesario. El silencio que compartimos era mejor, podía concentrarme más en su presencia a mi lado. Cada tanto me detenía a tomar una fotografía del paisaje, Izan se apartaba a un lado, fuera del foco. Ojalá hubiera encontrado las palabras para decirle que quería que él también saliera. En un momento encontramos unas escaleras y descendimos hasta que llegamos a una orilla dónde empieza el vasto mar color turquesa. A pocos metros se puede distinguir botes con velas blancas, y personas nadando en el agua. Detrás nuestro se ven pequeños bares con sus mesas y esas encantadoras casas de colores con vista de este bello paisaje. - Se siente tan bien aquí. -

