Narra Pavel —Tus manos son las únicas que quiero sobre mí —dice Carla con indiferencia. Algo salvaje se rompe dentro de mí y doy grandes pasos calculados alrededor de mi escritorio. Hago girar la silla del escritorio y miro profundamente a los ojos de Carla. Necesitaba saber que lo decía en serio. Si esas palabras son ciertas, no hay vuelta atrás. Siempre estoy pensando en Carla y solo en ella. Está invadiendo cada fibra de mi alma. —¿Eso es lo que quieres decir? —pregunto con los ojos echando fuego. Ella me mira, a punto de replicar, pero se detiene. Su expresión se derrite y coloca sus manos sobre las mías, que están en los apoyabrazos de la silla de mi escritorio. —Por supuesto que sí, Pavel. Mientras ella dice mi nombre, me pongo de rodillas y coloco mi cabeza en su regazo. Esta

