Narra Carla –Buen trabajo, Tobi—grité al niño que vive al final de la calle de la casa de mi madre, en la que me he estado quedando. He estado observando a Tobi durante la última semana mientras su madre trabaja en el segundo turno en el hospital. Actualmente, Tobi se encuentra bajando por toboganes y corriendo con una sonrisa feliz en su rostro. Desearía poder sentir la felicidad que sentía Tobi, pero con el corazón roto y el alma herida es difícil tener una sonrisa en mi rostro. Ver a Tobi correr me recuerda mucho a Maisey, aunque Tobi tenga dos años y Maisey seis. Tienen similitudes. Ambos tienen sonrisas amplias y piel suave. Tobi tiene el pelo rojo, pero es largo como el de Maisey. Mi serenidad de mirar a Tobi se rompe cuando un brazo pasa sobre mis hombros. —Hola cariño, cuán

