El Emperador pudo sentir la resistencia del Rey en corresponderle en un principio, sin embargo poco después sus labios que se mantuvieron inmóviles, comenzaron a moverse a pesar de que su cuerpo seguía tenso, pero no había pasado más de un par de segundos antes de que el monarca sintiera como su labio inferior fue mordido con tal fuerza que el sabor metálico de la sangre llegó de inmediato, obligándolo a alejarse. La respiración del Rey era irregular y su mandíbula tensa mientras miraba al Emperador casi como si estuviera retándolo a que se volviera a acercar, aunque también estaba alerta por si tenía que buscar defenderse, sabiendo que así pidiera ayuda nadie acudiría a él para salvarlo. El monarca alzó su mano y pasó sus dedos sobre su labio que fue mordido, y bufó mientras que una son

