El rey Hermon Cordillera permaneció en la proa de su Sombra. No esperaba una batalla en el mar. De algún modo, los Viajeros estaban preparados para su armada con una flota propia fuertemente armada. Su idea errónea era que ellos dominaban el mar. SombraAquellos días habían pasado. Los cañones cantaron. Las balas de cañón silbaron en el aire. El impacto causó estragos y destrucción. Los gritos, alaridos y explosiones, unidos a la melodía de la tormenta, eran como música para el rey. Se deleitaba con el desconcierto a su alrededor. Su energía aumentó. La necesidad de descansar desapareció. La excitación excitaba sus sentidos. Sombra atravesó las olas con facilidad, con el viento a su espalda, llenando sus velas. Cruzó el mar más rápido que un caballo galopando por un campo abierto. Las

