Ollie gimió suavemente cuando Roman movió su cansado cuerpo, recostándolo sobre su abdomen y apoderándose de sus caderas para alzarlas hasta que se apoyó en sus rodillas. —Roman… No puedo más —rogó, sintiendo como su alfa se apoderaba de cada glúteo y los separaba para revelar su abusada entrada roja e hinchada, de la cual se desbordaba su semen. —Tan hermoso —murmuró Roman, acariciando con su pulgar el resentido lugar sensible. El rubio joven se estremeció suavemente con dicho tacto tierno. —Una vez más —anunció el alfa, inclinándose para colocar un dulce beso en la abusada entrada. —Realmente no creo que pueda —se quejó Ollie, sintiendo su cuerpo como una masita moldeable que ya no podía mover. El alfa relamió sus labios y se sentó sobre sus talones. —Seré muy suave, lo prometo —j

