—¡He traído nuestra comida! —anunció Ollie, y una canasta de mimbre apareció primero antes de que su cabeza—. Hola —saludó brindándole una alegre y cálida sonrisa a Roman. —Hey, hola —sonrió el alfa, dejando lo que estaba haciendo—. ¿Cómo te encuentras? ¿Te duele algo? —cuestionó, sus ojos analizando toda la altura pequeña del hermoso rubio. —Estoy bien, yo soy quien debería de preguntarte eso a ti —expresó con una ligera risita—. Me preguntas lo mismo cada vez que me ves —indicó, tomando la canasta para dejarla en la mesa. —Es porque si no pregunto, no me dices —expresó no muy feliz con ello—. ¿Realmente te han dado comida? —preguntó, curioso. —Algo así —respondió, comenzando a sacar cosas de la canasta—. Tal vez hice una pequeña recolecta por mi cuenta entre el huerto de mis abuelos

