—Por aquí es la granja donde te estuviste quedando con tu pareja —avisó Jude, aminorando la velocidad de la camioneta. Observando a través de la ventana, Roman frunció el ceño cuando observó a personas trabajando y autos entrando. —¿Sabes quién fue el que la compró? —preguntó. —Ugh, creo que lo dijo, pero no presté atención —se encogió de hombros—. ¿Quieres detenerte y ver? —preguntó, deteniendo el vehículo para observarlo. —Dudo que a estas alturas permaneciera algo de Ollie —respondió, volviendo puños sus manos a imaginar a su pareja tener que abandonar todos sus tesoros por culpa de esa bruja. —Bueno, no lo sabrás a menos que entremos —indicó observando por la ventana—. ¿Dónde se quedaban ustedes? —El granero —respondió, fijándose en el auto que se acercaba a ellos. —¿Cómo pudist

