epílogo

1764 Palabras

El interior de la iglesia de Sedona era sofocante. En el pie del altar, Enzo trataba de aparentar calma, aunque por dentro era un desastre. Era imposible no pensar en que, hacía justo un año, estaba en esta misma posición y había sido abandonado en el altar. La diferencia era que, esta vez, no había ni una sombra de duda. Sí, había querido a Lucy, pero cuando ella lo dejó plantado, lo único que sintió—además de la rabia— fue alivio tan abrumador que casi se sintió culpable. Y luego se enojó por haberse sentido culpable. Pero con Freya no había dudas, ni sombras, ni fantasmas. Solo expectación. Felicidad. Una absurda y deliciosa excitación. Los murmullos comenzaron cuando la novia empezó a retrasarse, y luego Marianne apareció como un déjà vu con su vestido rosa de dama y le entregó una

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