Deseos y cócteles

1153 Palabras

Freya burbujeaba de emoción. La dueña de la galería —Susan Phillips— había aceptado exhibir su pintura como pieza central de la próxima muestra. Freya aún no lo asimilaba. Le había dejado sus datos de contacto y Susan prometió llamarla si el cuadro se vendía. —¡No puedo creerlo! —gritó, incapaz de contener la sonrisa— ¡Enzo, mi pintura va a estar en una galería! ¡En una galería de verdad! Las veces que había logrado vender una pintura, lo había hecho parada en un semáforo. Enzo la observó, divertido, mientras ella daba un pequeño salto de felicidad en medio de la acera. —¿Ves? —dijo, cruzándose de brazos con fingida serenidad—. Te lo dije. No hacía falta huir a México para triunfar. —¡Cállate! —rio Freya, empujándolo suavemente— No me arruines el momento. —Ni lo sueñes —respondió él

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