Todo va cayendo en su sitio

1578 Palabras
Después de las dos semanas de capacitación, Paulina tenía más que asumido su papel como encargada de la cafetería. Todos los días se levantaba temprano a bañarse y arreglarse, a ella y a sus hijos, desayunaba algo ligero y salía rumbo a la guardería y jardín de niños, para dejar a sus pequeños. Los lunes Arturo, su cuñado, podía acercarlos, pues le quedaba de paso, pero el resto de la semana, el entraba muy temprano y no coincidían en tiempos. Así que hoy que era martes, se encontraba en la parada esperando el autobús, con sus hijos de la mano, cuando escuchó un estruendo tras de ella, volteó a ver a que se debía el ruido y encontró a un joven en cunclillas intentando recoger sin mucho éxito, todo el contenido de su maletin de dibujo, varios estilografos rodaban por el suelo en diferentes direcciones, unos bocetos de lo que parecía una casa, estaban esparcidos, con la amenaza de alzar el vuelo con la menor ráfaga de viento, lápices, navajas, borradores y un puñado más de objetos diversos; aquello parecía una piñata recién rota. Fiel a su carácter amable y solidario, Paulina, aún con los dos pequeños de la mano, se acercó a ayudarlo. Pronto todo el contenido volvió al portafolio mientras que el joven lo sostenía en brazos, pues la correa para sujetarlo estaba rota. Con una sonrisa amistosa y repetidas frases de agradecimiento, el joven siguió a Paulina, a la fila del autobús, cuando esté apareció. 20 minutos después, tras haber dejado a los niños en la escuela, ya estaba lista para abrir la cafetería, Manolo y Cecilia, dos jóvenes que trabajaban en la cafetería el primer turno, esperaban pacientemente a que ella quitara los candados y abriera la cortina metálica que cubría la puerta de entrada y el ventanal. Lo primero, como cada día era hacer café y recibir el pan, que llegaba puntualmente a las 7:00 a. m. Mientras Manolo iba acomodando las mesas y barriendo el patio, Cecilia, colocaba manteles y limpiaba el interior. Hasta aquí era un día como cualquier otro, hasta que se escuchó una voz jovial y algo aturdida, pedir servicio. -Buen día, hay alguien? ¿Quién atiende aquí? -Buen día, un momento por favor!!!- grito desde el interior de la cocina Paulina - enseguida te atiendo -Vale, vale. - dijo el joven algo impaciente -Hola!!? - respondió Paulina inquieta, al verlo - me estas siguiendo? -Pero que pequeño es el mundo y cuanta suerte la mía - dijo el joven, que resultó ser el chico del maletin en la parada del autobús-creí que habías bajado antes con los críos?- le respondió divertido -Así es-fue toda la respuesta que le dio -¿Qué puedo ofrecerte? -Hey... Paulina? es ese tu nombre? - le preguntó leyendo el bordado en su mandil -Cómo supiste? - le respondió ella, con el ceño fruncido y algo de sospecha en la voz- me has estado espiando? ¿ qué quieres? -Calma, calma, no soy un acosador ni nada por el estilo, es más, hasta hoy en la parada del bus, no sabía de tu existencia, - dijo riendo- lo pone ahí tu delantal - le señaló el bordado en color turquesa sobre la tela negra. - Yo estudio aquí, Arquitectura y hoy se me hizo tarde, me quedé dormido por terminar una tarea, los bocetos, que me ayudaste amablemente a recoger- le explico mientras hacía un movimiento de hombros como restándole importancia - gracias por eso, me has salvado el semestre - le dijo ahora serio y mirandola a los ojos - Y, pues con la desvelada, la carrera que pegue para llegar y el incidente del maletin, pues que no he desayunado, me podeis poner una tortilla y un café pintado? - le dijo, esta vez dejando salir su acento español -Ah si, perdona, es que en esta ciudad, me han pasado muchas cosas así que me pongo a la defensiva con facilidad, disculpa mi arrebato - le respondió apenada- en seguida te preparo tu orden: una tortilla española, quieres? y un café con un poco de crema, correcto? - Pues si, una tortilla, es una tortilla, o que más si no? -Bueno, si sigues pidiendo una tortilla, aquí te van a dar esto... - y sin más, se perdió rápido en la cocina y volvió con una tortilla de maíz fría entre los dedos- ves? es mejor aclarar las cosas- y aún tratando de contener la risa, no pudo más ante la cara de confusión del chico y empezó a reír a carcajadas, él después de asimilar los hechos, también se contagio y los dos reían fuerte. -Soy Iñaki Rivas González, un placer conocerte Paulina la chica amable pero desconfiada, que me cambia la tortilla de patata por un taco de maíz- le dijo, extendiendo una mano para estrechar la suya, mientras con la otra se limpiaba una lagrima, producto de la risa. -Paulina Romero Medina, encargada de este lugar, y sí, soy amable pero desconfiada, aunque ahora que sé que estudias aquí, creo que ya no tendré tanto asombro por toparme contigo en la parada del bus o aquí en la universidad- le respondio el gesto estrechando su mano y después le cobró y entregó su pedido, que ya traía Cecilia. - Buen provecho y espero el resto del día sea mejor. -Gracias, guapa, nos vemos a la vuelta!! - y dando una mordída a su tortilla de papa, salió del local y se sentó en una de las bancas del exterior, mientras leía. -Quien era ese?- preguntó Cecilia con interés -¿No lo he visto antes por aquí y te hablaba como si ya te conociera? - Se llama Iñaki, es un españolito, que estudia arquitectura, está mañana lo tope en la parada del bus y se le cayó todo su material, sólo le ayude a recogerlo, pero me extraño verlo aquí así que lo cuestione- respondió sin darle más vueltas, pero sin dejar de verlo a través del ventanal. -en serio nunca lo habías visto? - No, y estoy en segundo año. Claro que literatura hispanoamericana contemporánea no está ni de cerca en las mismas áreas que Arquitectura, así que es muy posible que no nos topemos nunca en los pasillos- dijo suspirando-lo que es una lástima, porque está divino!!! -Si- dijo pensativa Paulina, que no había dejado de verlo - quiero decir, si es probable que no lo veas en una universidad tan grande - compuso rápido su comentario ante los ojos abiertos de Cecy. * - - - * Al día siguiente, Paulina estaba esperando el autobús puntualmente, miraba ansiosa el reloj, a pesar de llevar tiempo de sobra, pues hoy su hermana llevaría a los niños más tarde; - ¡ya se retrasó el autobús! - , se quejo en voz alta frente a las dos o tres personas que esperaban también. "El autobús? o el españolito?" le dijo su voz interna. Finalmente el autobús llegó pero no el chico. Un par de horas más tarde Paulina y Marina desayunaba en la cafetería y revisaban departamentos en renta para Paulina, a pesar de la objeción de su hermana; Y aquello que la tenía tan inquieta sucedió, frente al mostrador a unos metros de su mesa, estaba Iñaki, afable, sonriente, conversando animadamente con dos chicos más. Paulina lo detalló durante un par de minutos, su cabello oscuro ligeramente, despeinado, más largo de lo usual, sus ojos negros, que se fruncen al reír, y esa barba descuidada de 3 o 4 días, que enmarcaba su perfecta y blanca sonrisa, y resaltaba en el color olivaceo de su piel. Le gustó, le gustaba lo que veía, un hombre joven, alegre, con un proyecto de vida, amable y seguro de sí mismo. Y se preguntó por qué no se había fijado en alguien así unos años atrás, en lugar de cerrarse al mundo y ver a través de los ojos Abel. Le fue difícil imaginar que habría pasado con su vida si hubiera tomado decisiones diferentes. Aunque no se arrepentía, claro que no, pues sus hijos eran el resultado de sus acciones hasta ese momento, sin embargo si se prometio a sí misma, que de ahora en más, sus acciones serían mucho más analizadas y estudiadas, pues todo lo que ella decidiera afectaría seriamente su futuro y el de sus hijos. -Pau!!! Pau!!! - le hablaba Marina levantando la voz - Dime a donde te fuiste? llevo un rato hablando y no me has prestado nada de atención? - y siguiendo la mirada de Paulina, vio a ese lindo chico formado para pagar- Lo conoces? No has dejado de observarlo, ¿Quién es? -¿qué? perdón, estaba pensando, creo que imaginaba ser uno de ellos, si las cosas hubieran resultado diferentes para mi, pero ya no importa, ¿que me decías? - preguntó cambiando de tema -Te decía que no es necesario que se muden- le repitió Marina, rodando los ojos,-en serio para nosotros no es ningún problema tenerlos en casa, sé que quieres ser independiente y que buscas estar más cómoda, sola con tus hijos, pero creo que aún es pronto, los gastos que se vienen con el juicio, son muchos y necesitas más tiempo para que todo mejore. Tranquila, todo va cayendo en su sitio, no te presiones. - Está bien, pero en cuanto sea posible, buscaré un departamento y tú me vas a apoyar, de acuerdo? - le dijo Paulina y la abrazó con mucho cariño.
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