Los ojos inquisitivos de la pequeña sirena recorrían el pueblo con los guardias que hacían las rondas. Habia estudiado su horario desde semanas, así que cuando logro su cometido y pudo robar la cadena de oro incrustada de diamantes se sintió satisfecha. No habia una mejor ladrona que ella en todo el reino. Y a su corta edad de 15 años, ese, era todo un logro. Habia nadado de regreso a su hogar cuando sintió el jalón que le dieron por el harapo que llevaba de ropa. -¡Ey! ¡Ey! ¡Suéltenme!- el mas alto obedeció, y miro hacia sus camaradas, los cuales se encontraban a varios metros de distancia de ellos – eso fue impresionante – le reconoció el -pero eran centuriones novatos-le hizo notar Ella le puso mala cara. -No deberías estar enojada, deberías estar asustada -Deja tu teatro de cen

