-Las puertas del centro carcelario se abrieron, yo veía mi libertad a escasos metros, me habían entregado mis pertenencias personales, solo una era un tesoro… mi argolla de matrimonio.- -Mi padre me esperaba al otro lado, había logrado limpiar mi nombre, como sabrán yo no tenía nada que ver con la trata de blancas, ahora la atención estaba sobre el Juez rubio por y su mal procedimiento.- -Pero había algo más, mi padre comenzó a mover sus fichas, pudo encontrar cámaras donde se veía al agente iniciando el tiroteo, eso en definitiva dejaba atrás su versión inicial.- -Ya te puedes ir.- escuché al guardia hablar.- -Comencé a caminar, mi padre estaba hablando por celular, mi hermana estaba a su lado junto con mi suegro, no negaré que los dos se ven bien juntos.- -Yo seguía mi camino pero a

