LX Como si le hubieran sacudido entre las sombras, Everett se despertó y saltó en la cama, sudando a mares. No sabía la hora, aún no amanecía, quizás serían las 2 de la mañana. Luego de tomar algo de aire y quitarse la camisa de dormir, empapada, giró a ver a su costado y su hermosa mujer, estaba profunda, durmiendo algo descubierta, tomando su ya notorio estómago. Everett estiró su mano y la puso sobre esa piel sobresaliente, refugio de su bebé. Lo precioso y mágico, fue que el pequeñito respondió a ese tacto, y le regaló lo que pareció fue una adorable patadita. Sonrió el feliz papá y quitó su mano, no quería despertar a la madre. Miró al frente, todas las valijas listas, algunas cosas del bebé. Él había tomado la decisión, después de mucho debatirlo, de salir de ahí con Marcia, para

