XXII Unas semanas antes de que Amy comenzara el juego de las escondidillas cuyo premio era su vida, ella veía a su madre ser sepultada bajo tierra. No tenía lágrimas en sus ojos, solo una expresión que se le quedó paralizada en el rostro, como de pregunta: ¿Por qué ahora, mamá? La familia no podía decirse que estaba devastada, ya que la mujer siempre fue más una invitada, que la madre de las chicas. Sus ojos parecían estar perdidos, incluso las niñas pensaron en algún momento que ella consumía alguna cosa que la mantenía en la luna. Callada, distante, ebria, parecía más una especie de robot. Como si su cuerpo y su mente no estuvieran conectados. Cuando la ceremonia fúnebre terminó, Amy tomó el brazo de Marcia, de verdad necesitaba apoyo de algún tipo. La hermana de en medio la recibió c

