Koste lo observó, permaneciendo estoico ante las palabras de Darlan, aun así sintió que debía aclarar todo completamente, así que le confesó: –Entiendo que sienta la necesidad de advertirme, pero mi corazón lo entregué hace muchos años, ya no está conmigo, así que no puedo sentir amor por ninguna otra mujer que no sea mi Sabine. Al terminar de hablar, el panel se deslizó dando paso a una mujer que caminaba con los ojos empañados en lágrimas, Darlan y, Dylan, que venía tras ella, la observaban pasmados. Koste no daba crédito a sus ojos y miraba la figura que se le acercaba sin mover ni un músculo. –¿Sabine? –Hola amor. –¡Dios mío!, ¡Sabine!, eres tú, mi Sabine –abrió los brazos y ella entró en ellos, se fundieron en un abrazo donde se dijeron más que con todas las palabras del dicc

