Señora Tamara Todos esperaban que se fuera después del pequeño intercambio de ideas que tuvieron, pero yo no dejaría que se marchara triste; prefería que estuviera peleando conmigo que verlo de esa manera. Deje el tazón que traía de la cocina sobre la mesa y corrí para detenerlo antes de que saliera. —Adolfo, ¡No te vayas por favor! —sonó tonto, pero era lo único que se me ocurrió para que se detuviera. Me acerque con mucha cautela tomándolo de la mano fuertemente para que me volteara a verme «probablemente me iré al infierno por ello muy pronto» — ¿Qué? Me vas a decir algo para burlarte también. Eso me gano por querer hacer mi buena obra del día, este tipo es insufrible. —No, nunca me burlaría de algo como eso. Mi voz sonaba un poco tímida al tenerlo tan cerca, me alteraba dema

