Adolfo — ¿Me puedo ir? —cuestiono la chica en voz baja a la disque jefa que no perdía la mirada de todo lo que estaba haciendo. —Lárgate, pero ya sabes que si haces o alertas a alguien lo que puede pasar. Será mejor que te quedes callada o sufrirán las consecuencias. —S-si señorita. En cuanto la puerta se abrió vi que la enfermera soltó un suspiro entre cortado de alivio, no me quedaba duda que estaba siendo amenazada y necesitaba tener las evidencias para poder ayudarla. — ¿Qué me ha hecho señora? —No soy ninguna señora Adolfito, soy el amor de tu vida y ahora estas a mi disposición. — ¿Valentina? « En tú cara mamá, veamos como tomas eso» —No me hablas de esa perra desgraciada, a menos que quieras verla muerta. — ¿Q-quién eres? —Como te atreves a preguntarme quien soy, la

