«¡Ese es el efecto que tienes en mí y no puedo controlarlo! Pero por ti también podría anular todas las terminaciones nerviosas » dijo mirándole fijamente a los ojos marrones que empezaban a oscurecerse. «¿Quieres relajarte un poco conmigo? Te juro que no haré nada que no quieras » , pidió casi con miedo. Ella no contestó pero siguió sus movimientos. Le quitó la sudadera y el chaleco por la cabeza, dejándolos caer al suelo. Con movimientos lentos y constantes, le acarició los pechos aún envueltos en el sujetador y comenzó a rodear sus pezones. La vio moverse ante ese ligero toque, lo que aumentó el deseo en sus partes bajas. Se levantó, lo justo para tenerla mejor sentada en su regazo y poder alcanzar sus pechos con la boca. Con un dedo desabrochó su sujetador y cerró los labios sobre aq

