Capítulo 6: El fetiche de Mágnum Rivers

995 Palabras
Capítulo 6: El fetiche de Mágnum Rivers —Pero primero relajémonos —dijo Mágnum. ¿Relajémonos? Lo menos que podía era estar relajada en este momento cuando estaba tan sedienta de respuestas. Miré la copa de vino en mi mano y me la tomé de un solo sorbo sin respirar, pero es que realmente estaba muy nerviosa. Él me miró apretando los labios en una ligera sonrisa divertida. —¿Tienes sed? —preguntó con algo de sarcasmo. Me reí un poco de mi precipitada acción, necesitaba controlar mis nervios. —Quiero saber muchas cosas de ti —solté. Él me mantuvo sus ojos grises fijos en los míos. —¿Como qué? —pregunté. —Todo —admití—, es que me da curiosidad, ¿a que te dedicas? Mágnum tomó otro sorbo de su vino y lo vi pasar la lengua por sus labios, uve que apretar las piernas al sentir que me acaloré, es que siendo sincera, viendo a este hombre mayor me preguntaba qué tanto sabía hacer, debía de tener mucha experiencia. La idea de experimentar muchas cosas nuevas me aumentó la curiosidad. Él fijó la mirada en la mía y respondió: —Tengo negocios. Sus ojos cayeron en mi boca y alzó la mano tocando mi barbilla, no fue hacia ese momento que ejerció un poco de presión con su pulgar que me di cuenta que me estaba mordiendo el labio inferior. Sentí el sonrojo invadirme el rostro, noté como sus ojos se oscurecieron. La atracción empezaba a ser torturante, me aumentaban las ganas de saltarle encima y rendirme a mis deseos, pero me contenía, es decir, no nos conocíamos de hacía tanto tiempo pero la intriga y la curiosidad que había creado este hombre en mí me cautivaba en todos los sentidos. Despegó sus dedos de mi barbilla y enseguida extrañé su toque caliente, estábamos tan cerca pero a la vez tan lejos; separados por unos centímetros. Tenía demasiado calor. —¿Negocios de qué? —me atreví a preguntar. Él se mantuvo serio. —No preguntes cosas de las que no quieres saber una respuesta, gatita —susurró. —Vale, entiendo, asesino serial —solté. Él se rió un poco. —¿Tengo cara de asesino serial? —levantó una ceja. —Tienes cara de buen polvo —solté, después de que lo dije cerré los ojos y negué con la cabeza rápidamente. Joder, ni siquiera lo había pensado y mi lengua lo dijo sin un poco de anestesia. —Es... una broma —dije rápidamente—, lo siento, no sé por qué lo dije. Dejé la copa a un lado como si así pudiera tapar mis palabras mientras mi rostro se volvía rojo, sin embargo él se quedó callado, cuando lo volví a mirar él mantenía sus ojos grises fijos en los míos tan profundos que sentía que podía traspasarme o leerme la mente. —¿Qué? —pregunté. —Veo que te da cierto morbo saber qué es lo que estoy buscando —dijo— sexualmente hablando. Sentí que mi corazón se aceleró ante sus palabras. —Un poco —admití, porque era cierto, me estaba matando la intriga de saber qué era lo que él buscaba si había especificado que no follaríamos. —Ven —dijo inclinando la cabeza un poco a un lado y empezó a caminar, yo lo seguí sin refutar. Estaba temblando. Lo seguí subiendo las escaleras, no entendía a qué venía una casa tan grande para una sola persona, me parecía muy extraño, pero a la vez me imaginaba que él trabajaba desde su casa. Tenía demasiadas preguntas a la vez. Entramos a una habitación que parecía un especie de cabina oscura de luz roja, un closet al fondo, una cama y dos sofás; uno frente al otro. Uhm, la habitación se sentía fría y se me erizó la piel. Iba a entrar pero me tomó la mano deteniéndome, cuando lo miré él dijo: —Al entrar aquí, tendrás que seguir todas mis ordenes. Tragué pesadamente saliva. —Okey —susurré. —Quítate los zapatos —pidió. Uhm... Lo hice, me quité las sandalias quedándome descalza, sintiendo la alfombra cálida. —¿Sientes como se siente la alfombra bajo tus dedos? —preguntó inclinándose hacia mí en un ligero susurro. —Suave —respondí. —Suave —repitió, podía sentir su respiración cerca de mi mejilla y entrecerré los ojos sin saber si iba a besarme, sin embargo él continuó diciendo: —Siéntate. Miré a donde señalaba, uno de los sofás. Le obedecí algo nerviosa, sin saber en donde me había metido. Me senté sintiendo el sofá muy cómodo debajo de mí, él se sentó en el sofá frente a mí de modo que ahora estábamos frente a frente. No podía controlar los latidos de mi corazón acelerado. Él sonrió mientras me observaba nerviosa. —¿Estás bien? —preguntó. —Sí, ¿a que viene todo esto? —pregunté sin saber qué haríamos frente a frente o si pretendía darme una clase terapia. Él mantuvo su sonrisa y dijo por fin: —Tengo cierta fascinación por la podofilia. Abrí mis ojos ampliamente completamente escandalizada y elevé la mano abofeteándolo. —¿QUE? —Grité levantándome del sofá. —Espera —dijo Mágnum aguantandose la mejilla donde lo había golpeado. —¡¿ME ESTAS DICIENDO QUE TE GUSTAN LOS NIÑOS?! MALDITO ENFERMO —le grité. —No —replicó—, escuchaste mal. Lo enfrenté furiosa. —¿COMO QUE ESCUCHÉ MAL? —dije sin poder contenerme. —Dije PODO.FILIA no Pedo.filia. —señaló— son cosas diferentes. Oh. Me sentí como una completa ignorante, la furia se convirtió en vergüenza y aumentó cuando vi mi mano reflejada en su mejilla en una marca roja. —¿Y que es la podofilia? —pregunté con curiosidad. Él esperó a que volviera a sentarme y dijo esta vez con más paciencia: —Es el fetiche con los pies.
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