Capítulo 12: Explosión de temperamentos DULCE FERNANDA Íbamos en el carro en un torturante silencio que se hacía cada vez más tenso, notaba como Mágnum apretaba con fuerza las manos sobre el volante, su quijada apretada, la vena de su frente completamente hinchada. Me sentía como si hubiera hecho algo malo, pero es decir, no entendía qué hice, estuve todo el tiempo pegada a él como me lo pidió y solo por cruzar palabras con aquel chico se le habían expulsado los tapones de los oídos y parecía que botaba humo. Yo no tenía la culpa de que me vieran, es decir él pagó para que yo me viera hermosísima. —Oye... —murmuré a Mágnum para intentar hacer algo de conversación. Él no me respondió. —¿Estás bien? —continué preguntando al sentir su absoluto silencio como una bofetada. De repente él

