Capítulo 4: ¿soñaste conmigo?

1173 Palabras
Capítulo 4: ¿soñaste conmigo? Me lo quedé mirando sin poder dejar de sostener la respiración, ¿acaso tendría que ver mi sueño de anoche? Relamí mis labios y pregunté: —Es... —murmuré algo contrariada— ¿tienes un fetiche con lo payasos? Me enfrenté a su mirada, él me sostuvo la mirada como si procesara lo que estaba diciendo y sonrió un poco alzando una ceja. —¿Payasos? —repitió. —Eh...pues sí —solté una ligera risa nerviosa—, ¿tienes un fetiche con los payasos? Él frunció ligeramente el ceño y me miró como si no comprendiera a qué venía tal disparate. —No —dijo al comprender que yo hablaba en serio—, ¿por qué pensaste eso? Sentí mi rostro sonrojarse un poco. —Lo siento —dije— es que tuve un sueño y... —¿Soñaste conmigo? —me interrumpió. Sentí mi rostro volverse excesivamente rojo ante su cuestionamiento, porque sí, había soñado con él. Él estiró sus labios en una leve sonrisa al ver mi reacción. —Me gusta como te sonrojas, gatita. —susurró, y se acercó de modo que arregló un mechón de mi cabello detrás de mi oreja, alcé la vista cruzándome con sus ojos grises, por un segundo no hicimos nada, solo mirarnos y no sé por qué, sentí el ambiente volverse tenso entre los dos, sus ojos bajaron hacia mis labios y dejé de respirar al pensar en que iba a besar, cuando de repente el calor empezó a llenarnos haciendo del ambiente algo mucho más intenso que antes. Él empezó a inclinarse hacia mí, cuando de repente se detuvo y pareció reaccionar y dejó de tocarme echándose hacia atrás en el asiento. Mi corazón latiendo desenfrenado, ambos sin decir nada ante la evidente atracción que existía entre los dos, o acaso... ¿yo sola fue la que lo sentí? —Vamos —dijo Mágnum y sin decir nada más se bajó de la camioneta, iba a bajarme y él me ayudó a terminar de abrir la puerta, le agradecí cuando ya estuve en el suelo y él cerró la puerta, pero cuando empezamos a caminar él no me soltó la mano, sino que me mantuvo la mano agarrada hasta que entramos al centro comercial. Sonreí un poco, me gustaba que semejante hombre que estaba buenísimo, me tomara de la mano, me hacía sentir como si fuéramos una pareja, aunque esto solo fuera un acuerdo... Entramos a comprar la ropa, y Mágnum llamaba a los estilistas como si ya hubiera estado en estos sitios antes, todos ellos me mostraban vestuarios y sugerencias, me quedé asombrada de como pasaba su tarjeta como si no existiera un mañana, luego entramos a la peluquería y Mágnum habló con la que parecía la dueña, eso me hacía pensar... ¿Acaso no era la primera mujer que traía hacia acá? Y si era así... ¿entonces él había tenido otras sugars babys además de mí? Lo veía, lucía poderoso mandando a todo el mundo y dando su tarjeta como si le pagaran por esto, todos le obedecían, como si tuviera el control y el poder. De repente se acercó a donde yo estaba sentada esperando a que la peluquera me atendiera y me sonrió un poco. —Voy a atender unos asuntos —dijo Mágnum— pasaré por ti en cuanto estés lista. —Vale —dije con una sonrisa, era considerado que me dijera, pero realmente ¿por qué le refutaría cualquier cosa al señor que me estaba pagando absolutamente todo? Sentía que le debía hasta mi alma... Aunque claro, aun no sabía qué era lo que él querría a cambio, ¿de qué trataría su extraño fetiche si no era follar? Uhm...¿y si desmembraba mujeres por placer? Ay mierda, por primera vez sentí miedo de que él desmembrara mujeres por puro placer y luego nadie reclamara nada porque eran extranjeras como yo. No... en ese caso estaría preso, pero... siendo un hombre tan poderoso ¿podían meterlo preso? Ahora tenía muchas dudas. —¿Conoces al señor Mágnum? —le pregunté a la peluquera cuando empezó a lavarme el cabello. Ella apenas me miró, no parecía ser muy simpática. —Sí —dijo— usualmente se corta el cabello aquí también. —¿Sabes... si tiene esposa o... familia? —pregunté. Pareció ligeramente molesta. —Perdone señorita, no me permiten hablar en el trabajo —dijo. —Oh, vale —dije algo ofendida. Veía a las demás peluqueras conversar, ¿por qué ella no quería hablar conmigo? ¿Acaso Mágnum especificó que no me dijeran nada? Es decir, me gustaba que me consintieran en todo lo que él estaba haciendo por mí, pero... me traía muchas dudas, solo que ahora que lo pensaba ¿por qué quería saber esto? Es decir, ¿si tenía esposa e hijas iba a dejar la única ayuda que tenía? Era mejor estar ajena a la realidad que saberlo, no iba a soportarlo... Pero si el caso fuera al revés y yo fuera su esposa, claro que me ofendería. Ya basta, ¿de donde había sacado que era casado? Bueno, era raro que un hombre como él estuviera solo... Intentando pensar en otra cosa que no fuera este enigmático hombre ya estaba lista, agradecí y salí con las enormes bolsas de compra encontrándome de frente con Mágnum. —Hola —dije. Él deslizó sus ojos grises por mi rostro y mi cabello con aprobación. —Estas preciosa —dijo, bajó la vista a mis pies y frunció el ceño— ¿Te hicieron los pies? —Sí —dije mirando mis zapatos cerrados— solo que tenía zapatos deportivos. Mágnum mantuvo su expresión algo seria. —Quiero que te cambies —dijo. ¿Uh? —Vale —dije—, ¿aquí? Afirmó con la cabeza. Solo fui al baño cambiándome, al parecer a él no le gustaba verme en zapatos deportivos, aproveché de ponerme una de la nueva ropa que me dio y salí del baño volviendo a encontrarlo, pude ver como deslizó sus ojos grises por todo mi cuerpo, su mirada era muy sexi y erótica, casi como si me estuviera desnudando. —¿Que tal? —pregunté con una ligera sonrisa. —Perfecta —afirmó dejando su mirada en mis pies donde se mostraba mi pedicura. Relamí mis labios cuando volvió a cruzarse con mis ojos, se notaba su mirada oscurecida, me estremecí. —¿Ahora me dirás que es lo que oculta este enigmático hombre llamado Mágnum Rivers? —me atreví a preguntar, él sonrió un poco y dando un paso hacia mí dijo: —Una cena. —¿Cena? —repetí confusa. Él amplió su sonrisa. —Habrá una cena de negocios, pero en una horas más y quiero que me acompañes —me informó—, mientras tanto, esperaremos en mi casa. Tragué pesadamente saliva, los nervios llenándome al saber que iríamos a su casa, sin embargo mayor era mi curiosidad y dije: —Esta bien.
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