Capítulo 25: Deseo prohibido y borracho DULCE FERNANDA Tal vez era el alcohol en mi organismo que me hizo sentir más erótica y empecé a besarlo con ganas aferrándome a su cuello, alcé una pierna y él la agarró hasta la altura de su cadera pegándose más a mí de modo que pude sentir la dureza de su bragueta contra mí, empecé a restregarme contra él moviendo las caderas y él jadeó en mi boca. —Gatita, ¿sientes como me pones? —susurró y empezó a besar mi cuello, puse los ojos en blanco sintiendo que no podía contener las ganas que le tenía desde hace tiempo. Estaba al borde de venirme y ni siquiera me había quitado la ropa. Nunca me había sentido así; con tantas sensaciones por un hombre, estaba por perder la cabeza, si no se detenía ahora iba a pasar sus limites y no me iba a importar na

