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1357 Palabras

León —¿Sí? —Contesté la llamada en cuanto la puerta se cerró tras de mí. Mateo ya se acercaba, pero le hice un gesto para que se alejara, indicándole en silencio que vigilara la ventana mientras yo me dirigía al balcón al final del pasillo. Necesitaba aire fresco, no por la llamada, sino porque la imagen de los labios de Isabella, la forma en que había comido las rodajas de manzana y los gestos sutiles e inconscientes que hacía mientras le daba de comer me habían encendido la sangre. Maldita sea. —¿Dónde estás? —La voz de Margaret interrumpió mis pensamientos, recordándome que había estado hablando con ella por teléfono todo el tiempo. —¿Dónde crees? En el hospital, claro —respondí, intentando controlar mi voz aunque mi cuerpo me traicionaba: el calor me subía por el cuello, sentía el

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