Indigno

1628 Palabras
Ya era la hora de irme, mis padres estaban despidiéndose de mí, se veían preocupados, mi madre no paraba de llorar y mi padre no paraba de abrazarme, ellos por algún motivo sabían que no me iría del todo tan bien, pero yo no tenía miedo. “Más te vale cuidarte, tu madre y yo estaremos esperando por ti” esas fueron las palabras de mi padre antes de irme con el señor Miller. Ahora no había vuelta atrás, estaba tan decidido en encontrar a mi novia, que estaba ignorando por completo, que pronto se acercaba mi destino, un destino cruel y doloroso. Mientras el señor Miller y yo nos dirigíamos a la escuela militar “Bandera negra” por otra parte; En Europa y en Asia las cosas se estaban complicando, Alemania estaba atacando a Rusia e Inglaterra, las batallas eran sangrientas, los alemanes poco a poco se apoderaban de todo, los soldados eran despiadados y los generales alemanes eran unos seres sumamente despreciables, aunque había uno que superaba la crueldad del propio Reich. El general alemán Gerd Von Maistein, uno de los generales más despiadados de la guerra y uno de los enemigos más horribles que he conocido, ese día, el general Von Maistein se reúne con el mismísimo Adolf Hitler. Hitler admiraba a Von Maistein, ya que era el general más joven de todo el régimen nazi. “Mi führer es un honor que me llame en su oficina” Hitler estaba en su oficina leyendo su libro personal y cuando vio al joven general, lo felicito con una sonrisa y le pregunto. “Confió en que usted ha logrado avances en nuestras investigaciones médicas” Hitler tenía un propósito en la vida, hacer que Alemania y los alemanes fueran superiores en todo sentido y Von Maistein era la clave para la nueva r**a aria. “Por supuesto amo Hitler, he conseguido avances verdaderamente significativos, los sujetos de prueba aún no han podido superar las fases finales, pero estoy seguro de lograr la nueva r**a alemana” Hitler sonrió ante esa noticia y le pregunto a Von Maistein que necesita para lograr el objetivo definitivo. “Me parece maravilloso, al menos los judíos sirven para algo, si necesita algo pídelo y lo haré posible” Von Maistein sonrió y dijo sin problemas. “Aceptaré su oferta, solo necesito más sujetos de pruebas, unos cien judíos serán suficiente, niños si es posible” Hitler solo respondió. “Claro, solícita cuantos niños quieras, al final ni siquiera son seres humanos, has lo que quieras con ellos antes de que mueran de hambre” Von Maistein se retira agradeciendo el permiso del führer, y prometiendo una cosa. “muchas gracias, señor, pronto tendrá sus nuevos soldados” Hitler sonríe ante la idea de una nueva r**a, mucho más fuerte que cualquier ser humano, pero es interrumpido por la visita de un nuevo aliado, el primer ministro de Japón. “Señor Hitler, será un placer trabajar con usted” Ahora Alemania tiene un nuevo aliado y ese aliado será una chispa para el comienzo del Reich de mil años. De regreso conmigo, pasaron los días, y al fin habíamos llegado a la escuela militar, al llegar el señor Miller me despierta. “Muy bien yerno, es hora de despertar” Abrí mis ojos y pude notar a mi alrededor, arboles tan altos como edificios y una vegetación muy frondosa, en verdad estábamos en un lugar muy remoto, pero lo que más me impactó fue la enorme instalación de concreto que ahí había. “no puede ser, esté lugar es enorme” dije al contemplar la instalación militar. “Lo sé, Bandera negra es una de las escuelas militares más remotas e imponentes de todas, será el infierno en la tierra, solo la guerra podría igualarse a lo que vas a experimentar aquí” Me expresó el señor Miller al sacar mis cosas de su maletero. Ya era hora de despedirme del señor Miller, me ayudo bastante, sin él no hubiera podido venir a esta escuela militar, tampoco hubiera podido llegar hasta aquí. “Señor Miller, en verdad, le agradezco todo lo que ha hecho por mí” le estreche su mano. “solo asegúrate de proteger a mi hija, y en el futuro casarte con ella” El señor Miller me abraza y me da unas palmadas en la espalda, posteriormente me dio un consejo de vital importancia, “No vayas a meterte en problemas, aquí podrías morir” esas fueron unas palabras bastante crudas de procesar y dudo que fuera una broma, pero mi objetivo no era ser el mejor soldado, solo encontrar a mi amada. “intentaré hacerlo” susurré antes de cruzar a las puertas del infierno. Ingresé a la enorme escuela militar y dos de los guardias de ahí me hablan; ellos estaban esperándome, ellos eran quienes me llevarían con los demás reclutas que se habían enlistado, “señor Rayan, síganos” me dice uno de ellos al poner su mano en mi hombro derecho. Yo no dije nada, solo obedecí, esto era el ejército y ya estaba claro que mi único trabajo era obedecer. Los soldados me llevan hasta un patio donde había otros tipos, solo que a diferencia de mí ellos eran más rudos, yo era el último de los nuevos reclutas que se habían enlistado. “¿Quién es ese niño?” “¿ahora es una guardería?” “¿no va a durar mucho” Los tipos que estaban presentes, comenzaron a susurrar, ellos solo me cuestionaban como un debilucho. “! ATENCIÓN!”, grita uno de los militares de la escuela… un sujeto, un soldado con un traje n***o aparece en medio del patio y se presenta, ese sujeto era el instructor que nos haría la vida imposible. “Muy bien señores, me presentaré en primera instancia, soy el sargento mayor Richard Williams Peterson, y ustedes serán ahora de mi propiedad, comerán cuando yo les diga, correrán cuando yo les diga, respiraran cuando yo les diga, beberán cuando yo les diga, incluso tendrán que pedirme permiso para tocarse, des ahora no son hombres, no tendrán libre albedrío, serán mis juguetes, ¿les queda claro? Solo entrenaré a los mejores, el resto pasaran a otras unidades dependiendo de sus capacidades". Ese tal sargento no parecía ser ninguna broma, hablaba en serio, su voz, sus ojos, ese señor me intimidaba, sentía que debía respetarlo si quería seguir con vida, en verdad me daba miedo y no quería desobedecer, no como algunos de nosotros, que no se sentían para nada intimidados y pronto se arrepentirían de eso. “Aja, señor, con todo respeto, mi padre me da más miedo que usted” dice el tipo que estaba formado a mi derecha. El sargento se tomó esas palabras con delicadeza, de hecho, le dio risa. “AHAHAHA…. Mi padre también era algo aterrador, pero, ¿acaso el tuyo te enseño a matar animales con tus propias manos?” El sargento se acerca con una navaja y le susurra al oído al tipo que lo cuestiono “mi padre me enseñó a matar animales con mis propias manos y desde que tengo memoria, he matado, porque si no lo hacía, mi padre me mataría a mí, es una pena que ya no esté, ¿acaso quieres saber en dónde está?” El sargento era un hombre bastante aterrador, sus palabras lograban perturbarme hasta la medula y claro, le cerró la boca al tipo que quería pasarse de listo. “No, no, señor… perdóneme” susurra con miedo. El sargento se aparta y guarda su navaja, pero dirige su atención hacia mí. “Esto tiene que ser un puto chiste, ¿Por qué trajeron a un niño?”, el sargento me mira a los ojos, y sin duda casi me orino en sima. “yo, no soy un niño señor, tengo 17 años, ya puedo enlistarme” En este mundo, puedes enlistarte a los 17 años sin ningún problema, así que no me preocupaba, aunque al sargento si le importaba bastante. “En esta escuela entrenamos hombres, no niños, lárgate antes de que te patee el culo” el sargento se reusaba a reclutarme, él no creía que un simple niño pudiera con esto, pero no quería ser el soldado perfecto y no me iba a ir sin Lucy. “Lo siento, señor, es que no puedo irme, quiero…” Pero el sargento no me dejó terminar, ese hombre me golpea con fuerza en la nariz y yo caigo al suelo por el dolor, el golpe fue tan fuerte que no pude reaccionar, de repente estaba echado en el pasto con la nariz rota. “¿Qué fue lo que sucedió?”, todo fue tan rápido y confuso. “¡Te dije que te largues!”, me grita el sargento sin una pisca de misericordia, yo no paraba de sangrar, ese tipo me había roto la nariz, tenía miedo, no quería que me atacara, pero, como dije, no me iba a ir sin mi Lucy. “No” Me levanté del suelo y cubrí mi nariz para que no sangrara más. “¿disculpa?”, reacciona el sargento molesto. “Dije que NO, no me iré, aunque usted me obligue”... El sargento con una mirada molesta me responde. “Quieres que te obligue, muy bien, te voy a ¡Obligar!”, y después me da otro golpe en la cara, esta vez uno muy fuerte que me deja inconsciente. Abro mis ojos y me encuentro en un lugar oscuro, una habitación que parecía una celda, estaba esposado a una silla de metal y me dolía la cara, “¿En dónde estoy?”, me habían secuestrado…
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR