Hubiese querido quedarme con ella todo el día. En su cama. Enredado en sus brazos. Respirando ese perfume suave que se queda impregnado en mis sábanas y en mi pecho incluso horas después de que se levanta. Pero el deber llamó, y ella es demasiado responsable como para ignorarlo. Estoy apoyado en la pared del pasillo cuando sale de su habitación. Y lo juro: siento cómo mi respiración se detiene un segundo entero. Pantalón n***o ceñido, lentejuelas que capturan la luz de forma peligrosa, una blusa sin mangas que abraza su figura y tacones que… bueno, que exigen autocontrol. Mucho autocontrol. —Wow —murmura, recorriéndome con la mirada. Sonrío. La adoro cuando se le escapa la admiración sin filtro. —Eso mismo digo yo. —Tomo su mano, la levanto y la hago girar suavemente—. Te ves increíbl

