Después de una agradable cena, Frank y Brenda se dirigieron a la acogedora sala. Frank, con cortesía, le ofreció a Brenda algo de beber. — ¿Quieres un café, Brenda? — inquirió mientras la muchacha se sentaba cruzada de piernas en el sofá de la sala. — Sí, por favor. Gracias, Frank. — Con un chorro de leche y dos cucharadas de azúcar ¿no? — preguntó señalando y ella sonrió. — Sí, así es…— una sensación extraña la recorrió pues poco a poco se estaban conociendo ya. Las mariposas revoloteaban en su estómago, creando una expectación palpable en el aire. Cuando Frank regresó con las tazas de café humeante, la conversación siguió fluyendo naturalmente. Aunque había cierta tensión s****l que podía palparse. Frank le preguntó entonces algo que no había querido decirle antes. — Y ¿Cómo te va

