Brenda estaba sentada en la sala de la casa de su hermanastra, cuidando de su sobrina Tory, mientras la pequeña ya dormía pues Vicky había salido y confiando en que su hermanastra estaba mejor le había encargado esa tarea. La noche transcurría de manera apacible hasta que, de repente, Brenda sintió que algo no estaba bien. Un sutil susurro, apenas perceptible, parecía colarse por las paredes. Sus ojos se ensancharon de ansiedad mientras intentaba descifrar el sonido. "No puede ser...", murmuró para sí misma. La familiaridad del sonido le trajo recuerdos dolorosos de su pérdida, de aquellos días en los que soñaba con cuidar con amor a su propio hijo pues parecía ser el sonido lejano de un llanto de bebé. Los trillizos del padre y madrastra de Vicky, Pat y Morgana, viviendo tan cerca, comp

