Frank se encontraba sentado en una incómoda silla de plástico en la iglesia , donde se llevaban a cabo las reuniones del grupo de Alcohólicos Anónimos. Habían pasado varios días desde esa vez en que la sacó, a Brenda, del auto de la oficial Carol. Y mientras miraba a su alrededor, sus ojos se posaron en ella, Brenda...La joven mujer que él esperaba ver brillar tarde o temprano. Pero esa noche, su rostro lucía abatido de nuevo, con los ojos enrojecidos y la mirada perdida. Frank no podía evitar sentir malestar por lo que la aquejaba a ella. Finalmente, el momento llegó. Pero otra mujer tomó la palabra y comenzó a contar su historia. Su relato transmitía la tristeza y la desesperanza que había experimentado en los últimos meses. Frank escuchaba atentamente, su corazón se encogía con cada

