Dos intereses enfrentados en un juego fuera de lo común. El hombre con las cicatrices de probables torturas a las que había sido sometido se estaba gozando el momento. Ver enfrentados a dos hermanos tan pequeños, por intereses que para un adulto eran normales pero para aquellos pequeños era algo impensable. Quizás la valentía del muchacho lo hacía replantearse por un segundo el objetivo real del juego, pero a fin de cuentas, lo realizaba por puro disfrute personal.
Una gota de sudor se resbalaba por la cien del chico que participaría en la violenta apuesta junto a su hermana.
La chica por su parte tragaba saliva con nerviosismo, en ese momento se arrepentía de toda la cuerda que le había dado a su hermano y sentía que había llegado a un punto donde no habría vuelta atrás.
En la mente de Nikolas, quien era el causante de que se encontraran allí, pasaban muchas cosas. Mientras se increpaba por haber llevado a dos niños a la boca del lobo, en el fondo deseaba observar ese duelo, sobretodo en unas circunstancias tan absurdas. Durante años había observado de cerca a los hermanos maravilla, quienes derrotaban a su paso a todo el que osara enfrentarlos y por primera vez en mucho tiempo, sentía que una especie de guerra grande se vería, aunque en un juego dónde la inteligencia no estaba en juego... más bien la valentía.
Cortar cuerdas para ver si el filo cae y rebana la humanidad de alguno de los dos era un espectáculo que aunque turbio, quería observar en primera fila.
- Por cierto, mi nombre es Mikael - se presentó el desconocido.
Al fin sabían algo de información del sujeto con el que estaban tratando.
Lo cierto, es que la apariencia de hombre rudo y violento no escondía absolutamente nada. Era uno de los sicarios más reconocidos en Falvok. Un especialista en torturar y recolectar información empleando una serie de castigos excesivamente violentos.
Había crecido en uno de los barrios más peligrosos de Moscú. Su condición de huérfano le había hecho vivir la calle de la peor forma posible. Vagó muchos años de su vida, sin familia, observando como amigos se perdían en el mundo de las drogas o eran asesinados por su implicación en este. A su vez, la organización criminal se encargaba de reclutar a personas que viera en condiciones de trabajar y rebuscarse la vida de manera ilegal. A menudo, los chicos con los que se relacionaba en la calle desaparecían misteriosamente, aunque era un secreto a voces que nadie se atrevía a cuestionar.
Uno de tantos días en los que salió a buscar el pan, fue traicionado por uno de sus más cercanos compañeros.
¿De que manera? Sencillo, Falvok pagaba una suma considerable por información sobre chicos con material para ser generales de la mafia.
Kolishnikov fue el encargado de regalar la ubicación de Mikael, quién estaba planeando robar ciertos comestibles de una tienda ubicado en el mercado local.
Cuando los motores de las camionetas rugieron para avisar que se acercaban, todos los comerciantes cerraron y se retiraron automáticamente.
- ¡Vámonos! ¡Han llegado! – le gritaba uno de sus amigos, mucho menor que él.
- ¿Quiénes llegaron?
- Las personas encargadas de romperlo todo aquí… de quemarlo todo… los encargados de desaparecer a la gente, los dueños de la vida de la mayoría de gente en Moscú.
- No entiendo de que me hablas.
Pronto lo entendería todo. En el momento en que acabó de pronunciar la última palabra, fue sorprendido. Una bolsa envolvió su cabeza y acabó por ahogarlo lo suficiente para que perdiera la consciencia.
Cuando abrió los ojos lentamente, se encontró colgado boca abajo.
En frente, se encontraba su compañero, rogando piedad.
Tan intensos eran los gritos, que los secuestradores se vieron obligados a amordazarlo para que la bulla cesara.
- ¿Saben por qué están aquí? – escucharon una voz sumamente grave dentro de la penumbra.
- ¿Quiénes son ustedes? ¿Para qué nos quieren? – insistía en saber Mikael, quién agitaba su torso esperando a que la cadena se debilitara, algo imposible debido a la rigidez del material.
- Par de muchachitos… no saben ni siquiera en dónde están metidos… eso explica porque no salieron huyendo cuando escucharon el alboroto en la gente. Soy parte de Falvok, supongo que han escuchado sobre nosotros.
- Pues te equivocas, no sabemos quiénes son, ni siquiera hemos escuchado ese nombre alguna vez – afirmó con cierto tono de rabia en su voz el otro chico.
- ¿Ah sí? No me digan que tantos años vagando en la calle y no han aprendido modales básicos.
- ¿De qué hablas?
- Cuando estás amarrado boca abajo a merced de otra persona no deberías dártela de gallito de pelea muchacho…
En ese momento, se escuchó un sonido fugaz pero intenso, del azote que acababa de pegarle al torso desnudo de uno de ellos.
La oscuridad no se disipaba, al contrario, los consumía cada vez más. De repente, una bombilla se encendió en la sala, aunque su luz era tenue.
Gotas de sudor resbalaban por el rostro de cada uno de los huérfanos y provocaban un pequeño ruido al golpear contra el asfalto.
- No me importa si jamás han escuchado sobre nosotros – comentó la persona que se encontraba de pie frente a ellos, con la cabeza cubierta con una capucha negra. De ahora en adelante se enterarán, porque van a trabajar para nosotros.
- ¿Cómo? ¿Trabajar para ustedes?
- De verdad muchacho ¿Por qué crees que a lo largo de los años tus amigos se han desaparecido uno a uno? ¿Nunca se habían hecho esa pregunta? No creo que sean tan estúpidos.
- No lo sé – respondió Mikael, en el fondo el miedo era algo que había conocido muchas veces, pero después de la impresión inicial, lo único que sentía era curiosidad. Creíamos en un principio que era porque se marchaban a otra ciudad en busca de sus familias… algunos se perdían en la droga y era muy difícil sacarlos de ese mundo, la rehabilitación no era para ellos, así que supongo que deben estar en algún rincón apartado esperando a que alguien se apiade de sus almas… no lo sé, o quizás hayan encontrado la felicidad al lado de una mujer, de una famlia ¿No lo crees?.
- Hablas demasiado muchachito, pero con eso último te equivocas. Muchos han elegido ese camino, el de la droga y no están distantes a la perdición absoluta. En Falvok estamos requiriendo personal continuamente para la empresa…
- ¿Por qué? – interrumpió el compañero de Mikael. Si son una empresa seria deberían tener a sus trabajadores bajo un contrato y así aseguran su permanencia en ella.
- ¿Eres tonto? ¿Crees que una empresa que te tiene colgado del techo es una empresa seria y responsable? Definitivamente ustedes tienen la cabeza sumida.
- Espera un momento ¿Por qué están buscando personal constantemente?
- Porque hay que cubrir muchos reemplazos chiquillo. Si te preguntas la razón… ya es que ni me voy a molestar en explicarte.
- Pues de hecho si… me interesa saber la razón de esto.
- Bueno, hay que cubrir las vacantes que dejan… los que mueren. En este negocio, o eres cazado... o cazas.
Los dos jóvenes se llevaron una sorpresa desagradable.
- A menudo los chicos vienen aquí buscando oportunidades… otros vienen recomendados por alguien… otros, a la fuerza, como ustedes. Lo que tienen en común es que todos comparten el mismo destino, la muerte.
- Espera, espera… ¿Entonces a qué dices que se dedican ustedes?
- Dios mío… nunca esperé conocer a alguien tan estúpido. Niño, somos delincuentes, sino te basta con saber eso no preguntes más. La curiosidad mató al gato.
- ¿Y cómo dieron con nosotros? – indagó Mikael más intrigado aún.
- No querrás saber eso chico, por el bien de alguien más adelante… y por el bien tuyo.
- Entonces alguien nos vendió… y ahora trabajaremos para ustedes ¿Así de a gratis?
- Te equivocas en la última parte. No van a trabajar, primero necesitan pasar una prueba… en dónde muchos se quedan estancados y no pueden pasarla.
- ¿Así de difícil es pasarla?
- Ni te imaginas… siendo tan básica.
Pronto la bombilla que resplandecía en mitad de la sala, se apagó.
Se escuchó un martillo golpeando contra una tabla.
Luego, rechinó el motor de una motosierra.
Ambos asustados, agitaron su torso para intentar liberarse, gastando energía, debido a que no era algo que los fuera a salvar de lo inminente. Los sollozos empezaron a ser ensordecedores. Nadie los iba a salvar.
El carnicero ruso, comenzó a acercar objetos de tortura a sus víctimas, quiénes no podían ver absolutamente nada debido a la oscuridad absoluta.
Mikael escuchó el grito de su amigo y enseguida una bombilla ubicada únicamente en el lugar dónde yacía, se encendió. Podía observar como el tipo encapuchado portaba un alicate en la mano, deseoso de usarlo.
Su amigo asustado se intentaba mover hacia los lados sin conseguir absolutamente nada.
De repente, el tipo posó el alicate en la uña del dedo gordo de su acompañante.
Forzó y forzó hasta que la desprendió totalmente de raíz.
La sangre corría a chorros y los gritos eran desesperantes.
Fueron cinco días llenos de torturas y malos tratos… aunque curiosamente a Mikael no le tocaron un solo pelo.
Desde el principio estaba planeado así. La manera de operar de la mafia era la siguiente. Agrupaban en pareja a sus reclutas y simplemente observando, decidían quién tenía capacidades de convertirse en un gran elemento. Tras saber quién de los dos sería el elegido, procedían a torturar al otro frente a él, para convertirlo en una persona fría, sin capacidad de mostrar sus sentimientos.
Los castigos eran tan monstruosos que al menos el 97% de las víctimas no sobrevivían, pero si lo hacían, eran premiados entrando a trabajar con ellos.
Este no fue el caso. Mikael perdió a su compañero y acabó formando parte de la mafia.
Y un secreto lo acompañaba desde esa noche.
Había desarrollado un gusto inexplicable por la tortura humana.