Tras el viaje a Polonia, Lucas había logrado concretar con éxito el negocio con la agencia que se encargaría de distribuir de ahora en adelante sus productos. Una pequeña distribuidora que iba a ser inyectada con dinero para abarcar países europeos, era una estrategia propuesta por las personas encargadas del marketing.
Las cosas iban viento en popa.
El joven pensó por un momento en arribar a Australia para visitar a su hermana y mostrarle que ya estaba haciendo algo productivo con el dinero que había ganado apostando, que todo aquello con lo que luchó durante su adolescencia estaba dando frutos y ya no necesitaba generar ingresos de esa manera para sobrevivir. Aunque un sentimiento en lo profundo lo invadía, sospechando que su hermana le criticaría por todo lo que ha causado desde entonces.
Aunque las inversiones estaban dando ganancias, no era muy cierto que Lucas hubiera dejado de una vez y para siempre el mundo de las apuestas.
Helen no había visitado la agencia de modelaje, es más, no se le había despegado ni por un minuto a su nuevo compañero… o amante. No valía la pena ir a intentar cumplir un sueño si el precio a pagar era su integridad física. Ante todo, había que reconocer que era una chica con muchos valores y amor propio, algo que no se podía decir de su amiga, quién vivía a sus anchas con el dinero de aquellos viejos que se aprovechaban de ella. Tampoco pensó en ir a visitarla para intentar sacarla de aquel mundo en el que se había adentrado, la conocía bien y sabía que su terquedad la iba a llevar a la perdición. Por el contrario, se sentía bastante cómodo con el chico que apenas y había conocido en el avión.
Conocieron toda la región y pasaron intensas noches enredados entre sábanas.
La rubia se negaba a aceptar que dentro de todo se estaba formando un sentimiento que no era simplemente atracción.
Para su sorpresa, Lucas también se había percatado de que no quería tener una simple aventura con aquella mujer… al parecer la quería para algo más serio.
- ¿Qué demonios pasa Lucas? ¡Tú no eres así! – se decía a sí mismo frente al espejo, recriminándose de manera intensa lo que estaba sintiendo.
Intentó alejarla de muchas maneras.
Primero insistió en que todo esto era un error y que él tenía novia. Pero debido a que el tono en el que hablaba denotaba una mentira a gritos, la chica no le creyó.
Luego, intentó en hacerla creer que era homosexual, pero después de todo lo que había pasado entre los dos, tampoco lograba convencer a la chica.
Ante la negativa de la chica decidió aceptar su destino sin remedio.
Regresaron a Nueva York.
En el avión intercambiaron números y no tuvo que pasar más de un día para que se encontraran de nuevo enredados entre sábanas.
La química s****l que tenían era indescriptible. No había forma de que al versen pasaran un solo minuto sin juntar los labios. Era increíble.
Así pasaron dos meses hasta que el joven decidió oficializar la relación, sin contarle a la chica la fortuna y los problemas que acarreaba detrás.
Helen se encontraba muy feliz. En el tiempo que salieron, no tuvo que preocuparse por trabajar, debido a que el chico le había abierto un pequeño espacio en su empresa como dobladora de voz, algo que se le daba bien.
Pasó un año en dónde la relación vivió una etapa de luna de miel intensa. A menudo viajaban alrededor del mundo, hospedándosen en los mejores hoteles y como se dice popularmente disfrutando de la vida.
Aunque la chica no sospechaba ni por un minuto que cuando su novio le decía que iba a la oficina a trabajar, en realidad entraba horas y horas al casino a poner en juego su fortuna.
Un punto a favor de Lucas es que le había bajado a la intensidad. Al menos ya simplemente apostaba cantidades que para él eran miserias, es decir de mil dólares hacia abajo.
La racha ganadora lo seguía acompañando y sus métodos ahora eran más cautelosos.
La ruleta le había hecho ganar muchísimo dinero durante el tiempo que estuvo jugando, así que seguía probando suerte allí.
Gracias a esa habilidad, se le empezó a conocer a Lucas como “El chico de oro” y se había convertido en una leyenda en el mundo de las apuestas.
Nadie sabía cómo era, cómo vestía o si se habían cruzado en alguna partida con él. La única información que poseían era que arribaba a los casinos con apenas 100 dólares y salía con un maletín repleto de hasta 100.000.
El tiempo se encargó de alimentar la leyenda y ya era común de que los jugadores tuvieran pánico de jugar ante desconocidos al no saber si se trataba de aquel chico.
Por otra parte, la relación estaba funcionando muy bien y a pesar de encontrarse a una corta edad con apenas veinte años, Lucas decidió comentarle a sus padres que pensaba dar el siguiente paso con Helen.
Hubo alegría en la familia. Estaban un tanto preocupados debido a que sentían que el trabajo lo estaba consumiendo, pero sentar cabeza con una mujer podía ser el paso perfecto que necesitaba el chico en su vida para lograr alcanzar otro tipo de metas, que no se centraran tanto en el crecimiento económico.
Buscó la oportunidad perfecta para pedirle matrimonio en un viaje a Moscú.
En Rusia, tras un año y algunos meses de relación, decidieron oficializar el matrimonio.
La ceremonia se llevó a cabo en Nueva York.
Lucas invitó a sus amigos más cercanos, trabajadores de confianza y por supuesto familia.
Su hermana nunca apareció en la fiesta, lo que no le extrañó pero al mismo tiempo decepcionó.
Botó la casa por la ventana con la celebración que realizaron.
Fue tan salvaje que duró tres días sin descanso.
La luna de miel la pasaron en Cancún, México, lugar reconocido por tener playas hermosas y paisajes espectaculares.
- ¡Oye Lucas!
- Dime.
- ¿No te parece todo muy loco?
- ¿A qué te refieres?
- Somos una pareja joven, con la vida resuelta, sin problemas económicos y con grandes planes por delante. Estamos condenados a vivir una vida de éxito… pero lo más gracioso es que nos conocimos en un maldito avión, donde empezamos gritándonos…
- Y a los cinco minutos estábamos teniendo sexo – completó la frase el hombre.
- Me quitaste las palabras de la boca.
- ¿Y cuál es el problema?
- ¿Cuándo dije que había un problema? ¡Al contrario! Sólo me parece curioso que todo esto nos esté pasando a nosotros.
- Pues acostúmbrate mi reina. De ahora en adelante viviremos así, de viaje en viaje, incursionando en proyectos nuevos y buscando la manera ya no de acumular más fortuna sino de ayudar a nuestros seres queridos a lograrla.
- Bueno, pero no todos podrían tener la suerte de hacer una inversión tan buena como la tuya.
- Ah… sólo es cuestión de estar en el momento correcto - se tornó incómodo el ambiente.
- Bueno, pero si fuera así todo el mundo sería millonario ¿No crees?
- Tienes razón, creo que hay que tener talento para esto. No cualquiera puede llevar sobre sus espaldas apostar un riesgo y asumir las consecuencias.
- Así es cariño… ¿Nunca le tuviste miedo al fracaso?
Lucas recordaba todos los momentos en los que sintió que perdía en sus apuestas.
- ¿A la derrota? Sí claro, creo que fue el miedo más intenso en mi adolescencia – sentenció.