Era una fría tarde de invierno. Un niño anhelaba tras la ventana de su castillo poder jugar en la nieve. El invierno le encantaba, su mágica combinación entre la belleza blanca y la tristeza, le traía un sentimiento dulce. Él se veía así mismo frío como el hielo, triste como las flores muertas bajo la nieve, y bello como la calidez del fuego, o la blancura de su jardín que parecía brillar como diamantes. Pero no podía salir, solo admirarlo por la ventana. Su madre le decía que si él salía al jardín, su hermano tendría que acompañarlo. Pero su hermano no podía, era muy débil y podría enfermarse gravemente, así que jugar en la nieve era solo un sueño. El niño un día se hartó, y le desobedeció a su madre. Salió a hurtadillas por la puerta trasera del castillo, con sus botas favoritas y bie

