Llegado el medio día el sol pegaba fuerte sobre sus hombros. Minie agotada tras una intensa clase, salía estirándose los huesos del edificio. El trasero le dolía por el duro asiento y nada la alivio más que un té verde helado para refrescar su cuerpo y mente. Sumado de que tenía que despejarse para continuar su cuento, según se había informado de algunas charlas entre sus compañeras, algunas ya tenían listo lo que iban a presentar y eso no hacía más que darle ansiedad y cosquillas en los pies, no podía imaginar cómo estaría Dalia –en efecto estaba peor-. Así que continuo su camino a la cafetería, y al entrar se chocó con una manada de estudiantes acalorados y cansados como ella. Entre la multitud busco a Minho y sonrió al verlo en una mesa acompañado de otras personas más que charlaban en

