Al retirarse de la muchedumbre, Dalia vio que innecesario que Hana la siguiera agarrando y movió el brazo para hacérselo entender. Hana la dejó y la peli azul se tomó el tiempo para respirar y tranquilizarse, por instinto llevó la mano a su muñeca, pero sus dedos chocaron con una tela suave y agachó la cabeza para ver el paño gris que lo rodeaba. Eso la hizo suspirar, no estaba contenta con nada de eso. — ¿Estas bien?—Se acercó Minie y su mano en el hombro de Dalia. La peli azul miró ese gesto, era repetitivo, lo recibía siempre y se preguntaba cuando iba a ser el día que dejara de ser tan recurrente. No recordaba una vez que Dalia haya sido el apoyo de sus amigas, ellas jamás decían sus problemas y ella empezaba a sentirse como una carga. Poco a poco comenzaba a odiarse a sí misma, se s

