Caminaban en silencio bajo la brisa de la noche nocturna. Dalia guardaba una sonrisa en la comisura de sus labios, mirando al chico de vez en cuando, buscando la oportunidad de decir algo sin incomodar. Jamás le había incomodado el silencio, eran de las cosas que más le gustaban, sin embargo en ese momento, buscaba romperlo de cualquier manera. Y no porque le molestara, sino porque quería escuchar su voz hablarle. Jan mientras tanto, distraía su mente admirando las estrellas. Era una rutina que acostumbraba a hacer a veces, incluso sin darse cuenta. Le gustaba mirar el cielo, sea claro u oscuro, despejado o nublado, le transmitía una sensación de libertad inigualable. —Vas a tropezarte. —Le dijo Dalia al verlo tan concentrado. — ¿Qu…?—Como si las palabras de la muchacha fueran una prof

