Prácticamente la habían arrastrado del dormitorio. Apenas se despertó, sintió como le lanzaban la ropa en la cara. Hana le había reclamado que esos días se había vestido como una abuela, así que lo primero que escogió para ese día primaveral fue una polera blanca y un vestido de tirantes y escote triangular color marrón claro, que no se ajustaba demasiado a su silueta e iba debajo de la polera dándole una imagen elegante y juvenil. Y para terminar, el cabello ondulado con el flequillo alisado, unos aretes redondos de oro que le pertenecían a Minie y unos zapatos bajos color blanco de Hana. Ambas chicas miraron a su creación final con orgullo y entusiasmo, admirando la belleza de la peli azul –que más allá de su rostro desganado y perezoso, tenía una presencia cautivadora–. Minie la tiron

