Estaba un poco ansiosa por saber a dónde nos dirigíamos pero lo que más me volvía ansiosa era el salir por primera vez después de tanto tiempo; no tenía ni idea de dónde estábamos parecía una gran isla, pero en el tiempo de estar aquí jamás me topé con ningún excursionista. El auto se detuvo de repente y Marcelo al salir del coche me tendió su mano sana para ayudarme a salir, gesto que poco agrado al demonio que rugía tras de mí, no me importó y acepté la mano que Marcelo amablemente me tendía, al salir, el golpe del frío de la noche de inmediato me hizo temblar, pero Domenico que estaba detrás de nosotros con rapidez lo resolvió poniendo sobre mis hombros su chaqueta impregnada de aquel perfume característico que me hipnotizaba haciendo que me percatara de cierto artilugio que estaba en

