Después de dormir un rato, bañarme y vestirme decido salir para comer algo, al salir al pasillo no puedo evitar oler el aroma a comida que viene del primer piso y es que tengo tanta hambre que me comería un caballo. Al llegar a la cocina me encuentro con la señora mayor que siempre me ha atendido creo que su nombre es Cecilia. -Buenos días Cecilia-. Saludo tímidamente. -¡Buenos días niña! ¿desea desayunar? -Si por favor-. Tomo asiento en la barra de desayuno mientras espero a que me sirvan. El silencio es interrumpido por la pesada de Elisa que viene a pedir, no mejor dicho a exigir su desayuno. Volteo a ver cómo Cecilia hace un medio gesto de disgusto al escucharla. Me sirven a mi primero, provocando que Elisa haga una pataleta como cualquier niña mimada. -Cecilia pero ¿que hace?-.

