El corazón de Abby latía con fuerza, pero no por emociones reprimidas, sino por la ira que comenzó a hervir en sus venas tan pronto sus ojos se encontraron con los de Vincent. El enojo volvió a invadirla, como un torrente de fuego que se propagaba desde lo más profundo de su ser. Sintió un calor subir por su pecho, el pulso retumbando en sus sienes mientras sus músculos se tensaban como una cuerda a punto de romperse, como si todo en ella gritara que se mantuviera alejada de él. El aire en el pasillo se volvió espeso, sofocante. Las paredes parecían cerrarse sobre ellos, y el simple hecho de verlo ahí, frente a ella, le provocaba una mezcla de rabia que tenía que contener o terminaría golpeándolo hasta el cansancio, y ese olor metálico del ascensor se mezclaba con el perfum

